En la noche se acumula en la avenida marítima de Las Palmas de Gran Canaria una capa de humedad que unida a la brisa marina y la sal hace que sea una pista de patinaje.
Aquella noche no me lo esperaba, lo cierto es que normalmente hay gente haciendo deporte, corriendo o caminando. Como cualquier otro lugar de España donde se pueda hacer deporte y disfrutar de unas vistas inmejorables de la ciudad.
Pero aquel día entre semana era especial, porque no había nadie. Aproveché para ir un poco más rápido de lo normal y de repente resbalé. Me falló la tracción de la rueda trasera, con tan mala suerte que caí de cabeza, la suerte es que tenía el casco.
Me pregunto que habría sido de mi cabeza de no llevar protección. Por eso es fundamental llevar casco. Esas son caídas en la que te la juegas.
Pero es peor lo que ocurre en nuestras carreteras, aunque tengas toda la protección del mundo. Donde temporada a temporada a los que nos gustan las dos ruedas vamos siendo atropellados, como ocurrió hace poco en nuestras carreteras cuando circulaban en línea un grupo de ciclistas.
Una persona que rondaba los 40 y que dejó a tres hijos y a una mujer por una sana afición, con todo el dolor de esa familia. A mi cada vez me resulta más difícil circular por carretera con estas noticias y menos por mi ciudad, que por cierto no tiene carril de bici.
Por lo que he decidido seguir haciendo patinaje sobre dos ruedas, prefiero caerme yo a que me tiren.
La ley tiene que proteger al más débil. ¡¡¡ Al ciclista !!!.